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...Quién ha visto equipo de trabajo más unido en la actualidad que el conformado por Fara Madrigal, Migdalia Seguí, Freddy Maragoto y el propio Rubén? ¿Cómo suponer que puede mantenerse límpida una iconografía de diseño, un trazado de líneas, colores y contrastes tan coherente como el de Zenén, sin que caiga en la repetición? Únicamente con el trabajo en la obra concreta que no descarta el valor de cierta poeticidad integral, relegada por muchos...
Teatro de Las Estaciones, al mostrarme cualquiera de los quince espectáculos que del grupo conozco (...) me enseña tanto como el mejor Carlos Díaz de un ensayo de La gaviota o la lectura quieta de un fragmento de La isla en peso.
ABEL GONZÁLEZ MELO
En Rubén como una foto
El Caimán Barbudo, Año 37. Sep-oct 2003
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Teatro de Las Estaciones
Fundado en 1994, en Matanzas, es una agrupación titiritera que se mantiene a la vanguardia del movimiento de teatro de figuras en la Isla. Su trabajo se caracteriza por el rescate de la dramaturgia titiritera universal y nacional. El grupo trabaja además en la producción de materiales audiovisuales y teóricos, exposiciones y talleres sobre el maravilloso arte de los muñecos. Ha obtenido los premios más importantes del género en festivales y concursos del país. Se ha presentado en los festivales internacionales de títeres de España, Francia, México, Italia, Venezuela, Dinamarca, Costa Rica , República Dominicana y los Estados Unidos.
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UNA CASA CON MIL VENTANAS
Breve recorrido por la vida artística de Teatro de Las Estaciones.
Por Rubén Darío Salazar
La tradición es la tierra en la que el artista vivo planta nuevas flores, para que las flores crezcan hay que remover la tierra y abonarla, y el agua que da vida viene de fuera.
Michael Meschke
Pertenecer a la generación de artistas del teatro de títeres, que surgió en la última década del siglo XX, y que presumió para algunos teóricos una etapa de encuentro generacional, y la continuación de ese impulso transformador que nunca debe abandonar a los titiriteros, constituyó para mí la asunción de una responsabilidad ineludible. Recibir y perpetuar la herencia de un teatro de figuras profesional en la Isla, levantado a partir de los años cuarenta, con los primeros pasos de los pioneros de este arte, y ya saben que me refiero principalmente a los hermanos Camejo, como las cabezas que más se elevaron en aquel desierto de teoría, intenciones, y por supuesto, de resultados. Súmesele a este preludio, la huella indeleble de los alumnos de aquellos, hoy maestros de los alumnos que fuimos nosotros, que quizás mañana o ya mismo somos los maestros de los recién llegados. Si algo me apresuré a desechar de esos momentos predecesores fue el discurso lastimero, auto marginado y cobarde de cierta zona del movimiento teatral dedicado desde un tiempo anterior a este genero. No creo que los Camejo, Carril, o María Antonia Fariñas, así como la propia Beba Farías, llegaran a los espacios conquistados para sus representaciones, con la cabeza baja y en actitud culpable, sino con la prestancia y la verdad de los grandes artistas como escudo. Exigiendo la luz, el área de trabajo y la oportunidad que se merece cualquier creación que se realice con una pasión tan lucida como la que aporta el teatro de figuras.
El teatro titiritero de los noventa y el de la actualidad transita todavía bajo los estragos de ese discurso obsoleto e inútil. Está presente en muchos núcleos ¿creativos? que ayer y aún a estas alturas del globalizado siglo XXI, son reflejo vivo del acomodamiento, el cansancio y la ausencia de ideas. Para nosotros, los jóvenes de entonces, los adultos de ahora, la calidad, el rigor y el riesgo creativo ha sido el más fiel sinónimo del teatro de títeres, sin quejas ni rencores pasados, inmersos con los que están y los que arriban en un tiempo nuevo, cuyo camino hacia el retablo nada ni nadie puede empañar.(+) |
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