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Teatro Sauto  

Se funda: 06 de Abril, 1863
"Reconozco a Matanzas por el Sauto", expresó en cierta ocasión el muralista mexicano Diego Rivera, cuya fina percepción de artista lo hizo identificar enseguida el símbolo elegido por el secreto corazón de la ciudad de Matanzas.

Sus ojos, navegantes de lo profundo, supieron desnudar en la gente y la historia las hondas raíces de este teatro, cuya elegante figura se alza a un centenar de metros del sitio donde, en 1693, fuera fundada la urbe para proteger de ataques piratas la villa de San Cristóbal de La Habana y las rutas marinas hacia España.

La historia del coliseo es la del esplendor económico y cultural de Matanzas fruto de la revolución azucarera del siglo XIX, la cual atrajo a sus campos cuantiosas inversiones y amasó en sus mansiones impresionantes fortunas.

El acelerado progreso económico trajo consigo un despegue en la sociedad y la cultura. En 1860, la ciudad fue nombrada como Atenas de Cuba, pues con la alta producción azucarera nacieron y se consolidaron notables centros educacionales e importantes instituciones artísticas y literarias, entre las cuales la perla mayor la constituyó el gran teatro, nacido con el nombre de Esteban y rebautizado años después como Sauto.

Desde inicios del siglo XIX la ciudad había contado, primero, con escenarios improvisados en casas o almacenes, luego con salas pequeñas, y en 1828 fue inaugurado su Teatro Principal, en un edificio construido expresamente para albergarlo.

No obstante las grandes figuras de la época que se presentaron en su escena -como Adelina Patti, Louis Gottschalk, José White y Fanny Elssler-, los habitantes de la ciudad demandaban un espacio más confortable para estas funciones, pues el existente resultaba "detestable".

A partir de octubre de 1858, al calor de la Sociedad Filarmónica, comienza a perfilarse aceleradamente el sueño de un coliseo digno para la urbe: se colectan fondos, se discuten propuestas, el propio Gobernador civil de la Isla anuncia en la prensa su autorización para iniciar la obra en la Plaza de Colón (hoy De la Vigía).

Tras algunos vaivenes - financieros y humanos -, el 1ro. de mayo de ese mismo año, la junta directiva para la construcción del edifico dio a conocer el veredicto del famoso ingeniero Francisco de Albear, quien aprobaba dos de los seis proyectos presentados a concurso, entre los cuales fue elegido el del italiano Daniel Dall'Aglio.

Antes de un mes comenzaron las labores, que comprendieron la destrucción de la Plaza de Toros y los depósitos de la Real Aduana y el relleno de una zona cenagosa sobre la cual descansaría toda la porción posterior del edificio. Su erección marchó tan aprisa como permitía la técnica de la época y, entre mil hechos que merecen narrarse, originó el descubrimiento de las célebres Cuevas de Bellamar en el sitio donde se extraía la cal para las obras.

Gracias a las relaciones de ese mecenas que fue el doctor Ambrosio de la Concepción Sauto, se compraron en el extranjero lunetas, lámparas de araña, lucernas, faroles, espejos y jarrones de porcelana de Sevrés.

Tal como indica la fecha existente en el arco de medio punto que corona la puerta principal, la inauguración del coliseo estaba prevista para 1862, pero este no tuvo lugar hasta el año siguiente, si bien desde meses antes se ofrecían en sus salones grandes bailes destinados a recaudar fondos, considerados por la prensa "la fuente del embullo y los placeres de la juventud matancera".

Fue el abril de 1863 que tuvo lugar uno de los hechos más trascendentes de la cultura decimonónica cubana: la inauguración de este edificio de dimensiones y belleza casi insólitas en las colonias hispanas, bajo el nombre de Teatro Esteban, en honor al gobernador Pedro Esteban y Arranz.

Uno de los periódicos de entonces calificó la jornada como "día glorioso y de eterno recuerdo para Matanzas" y cronicó el hecho con elogios al "celo de la Junta Directiva de la empresa, la constancia, abnegación y probidad del Dr. Ambrosio C. Sauto y el notable talento del maestro arquitecto D. Daniel Dalla´glio (sic), ayudado por los Sres. Estarpé y González, [quienes] han presentando el magnífico y espléndido edificio que ha sido objeto de generales alabanzas, del aplauso no sólo de los matanceros sino de las ilustres personas que honraron el acto con su presencia".

"A partir de su inauguración, Sauto se constituyó en punto obligado de cita social, de ostentación de riqueza y poderío; pero también de refinamiento cultural", asegura el historiador matancero Raúl Ruiz. Era común por entonces que las compañías de óperas italianas y francesas, así como las líricas españolas de visita a la Isla, actuaran primero en el Sauto, antes de hacerlo en el Tacón, de la Habana.

Una larga lista de grandes figuras del arte mundial han unido sus nombres al del coliseo: la gran actriz Sarah Bernhardt, las ballerinas Anna Pávlova y Alicia Alonso, el bailaor Antonio Gades, el gran dramaturgo Jacinto Benavente, la declamadora Adelaida Ristori, los músicos José White, Teresa Carreño -niña aún cuando subió las tablas del coliseo-, Libertad Lamarque, Ernesto Lecuona -quien, muy joven, estrenó allí su mundialmente famosa La Comparsa-, Andrés Segovia, María Guerrero, Brindis de Salas, Bola de Nieve, Rita Montaner... Incluso el genial ajedrecista José Raúl Capablanca jugó una partida con niños como piezas vivas en sus salas.

Artistas de medio mundo han entregado su arte desde su escena. La historia recoge la presencia de representantes de la mayoría de los países de Europa, Estados Unidos, casi toda América Latina, Japón y China, entre otras naciones.

Tal prestigio llegó a alcanzar Sauto, que ni aún los años difíciles de la primera mitad del siglo XX, cuando el coliseo se vio convertido en cine, ni largas etapas de deterioro, pudieron opacar su nombre.

A más de cien años de fundado, un colectivo calificado, algunos de cuyos miembros llevan más de 30 años al servicio de la institución, hace posible una programación variada en un promedio de cinco noches a la semana. Así, en la actualidad el teatro es subsede permanente de los Festivales Internacionales de Ballet, Guitarras y de Teatro de Títeres; y otros eventos nacionales dedicados al baile nacional cubano (CubaDanzón); el teatro (Mayo Teatral, convocado por Casa de las Américas) y la danza (Danzan Dos y Los días de la danza), entre otros.

En una de sus áreas, además, radicó el primer museo fundado por la Revolución, en septiembre de 1959, y en 1978 fue declarado Monumento Nacional.

Una por una, desde hace más de cien años, todas las generaciones de matanceros acudieron a su teatro, o, al menos, descansaron un momento en su parque mientras contemplaban sus impresionantes fachadas y alimentaban las leyendas que se tejen a su alrededor.

Por tanto amor, el mismo que descubrió de una ojeada el genio de Diego Rivera, una encuesta realizada en el año 2001 arrojó un resultado previsible: la mayoría de los matanceros reconoce como emblema de la ciudad al Teatro Sauto, al cual declararon como la más espléndida de las siete maravillas de la arquitectura local.

Bien lo saben los hijos de la ciudad que, a pesar del tiempo, ven en él su más hermoso edificio. Por eso, cuando casi a diario se encienden sus grandes faroles para avisar que hay función, no pueden menos que desearle una larga vida con aquellas palabras del poeta Mario Benedetti: "Al teatro Sauto, los mejores ojalás".

Sede- Plaza de la Vigía, Matanzas.
Director(a)- Cecilia Sodis
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